
Habló de la reducción de armas nucleares, de la crisis económica mundial, de la cooperación multilateral. Habló mucho, menos del golpe de estado en Honduras, lógico.
Retazos de sensaciones no afectados por el agujero de la capa de ozono.

Habló de la reducción de armas nucleares, de la crisis económica mundial, de la cooperación multilateral. Habló mucho, menos del golpe de estado en Honduras, lógico.
Luego de la lluvia la ciudad anochece diferente. En las veredas los paraguas se someten a una húmeda muerte. No cabe duda, a esta hora del día, que sus labores han sido arduas y, claro, infructuosas. Cadáveres luego del temporal, adornan el paisaje con el salvajismo de una noche desesperada. En silencio aplastan su última existencia junto a las hojas y el barro. Nada queda de esa su lejana presencia. Nada. Solo una forma de varillas y paños y agua y recuerdos. Absolutamente nada.
Y lo uno al Horacio de Julio, esa lluvia y el barranco y la Maga. Pero es absolutamente distinto. Todo cambia con cada paraguas que la ciudad deja morir en sus veredas.

Desde acá una muestra de solidaridad para alguien que supo de qué se trataba el fóbal: René Higuita, quien está pasando por un mal momento.
Para todos los enfermitos del fútbol ha nacido un nuevo espacio que se ha dado a llamar "Tres no son goleada": un panfleto con lo que a veces se quiere escuchar (o no) de este desenfreno de pasión.
¿Y qué pasaría si algún día cualquiera, no importa la hora ni el lugar, comenzaríamos a recordar esos sucesos olvidados por los días/noches de excesos alcoholicos u otras yerbas?
Acabo de salir a la calle y me encontré con el frío. Sin mediar palabras se metió por todos lados, sobre todo entre las manos, a pesar que las guarecía dentro de los bolsillos de la campera. Mandando un moquito a su lugar de origen (no fui el únco, aunque el del puesto de diarios lo ejecutó contra el suelo) articulé entre dientes una de esas sentencias necesarias y automáticas para prender el piloto frente al frío: “¡ah, la mierda!”, me dije. Y mientras caminaba fui pensando en las frases que se ejecutan cuando la termina está por abajo. Por ejemplo: “No está para usar corpiño calado”, “¡Qué fresquete!”, la guarra “no está para lavarse el pito en la bomba”, pero hay una que simpre me dio vueltas y nunca llegué a entender: “¡Qué tornillo que hace!”. ¿Tornillo?, me pregunto. ¿Qué tendrá que ver con el fró? Porque se enrosa, no. Porque es de acero, menos. Porque se lo puede ajusta/desajustar con llave o torinillo, menos que menos.
Y tornillo sigue, escudo infalible contra “la fresca”.
¿Será porque no entiendo lo que quiere decir que estoy muerto de frío?
Me cuesta esta labor de blogger. Y admitiendolo me doy cuenta que mi dificultad radica en concebir un blog que le guste a la mayoría: cómodo. Pero no. Ahora no. Quiero escribir y publicar. Sin pretensiones ni obligaciones ni apuros ni rigor y varios ni más. Redactar y subir, nada mas que eso. Darme el lujo de que ustedes lean lo que se me cruzó por la cabeza en el centro mismo de una carniceria a la espera de un kilo de paleta a 11 pesos o el encuetro casual de un elemento que reemplazaría de por siempre al bidet de todos los hogares.
Y de esta idea (re)fundadora vuelve a nacer, cual el Ave Fenix, Un Pedazo de Atmósfera, que seguirá presentando retazos de sensaciones no afectados por la capa de ozono…
…Bon appétit