Luego de la lluvia la ciudad anochece diferente. En las veredas los paraguas se someten a una húmeda muerte. No cabe duda, a esta hora del día, que sus labores han sido arduas y, claro, infructuosas. Cadáveres luego del temporal, adornan el paisaje con el salvajismo de una noche desesperada. En silencio aplastan su última existencia junto a las hojas y el barro. Nada queda de esa su lejana presencia. Nada. Solo una forma de varillas y paños y agua y recuerdos. Absolutamente nada.
Y lo uno al Horacio de Julio, esa lluvia y el barranco y la Maga. Pero es absolutamente distinto. Todo cambia con cada paraguas que la ciudad deja morir en sus veredas.
1 comentarios:
El cambio, la diferencia está en que Horacio y la Maga para estar juntos no pueden hacer otra cosa más que encontrar EL paraguas en un parque.
Y cuando caminamos solos, únicamente podemos ver los cadáveres en la ignonimia de las veredas. Y no es lo mismo, claro. El poema queda absolutamente diferente.
¡Saludos!
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