martes, 22 de septiembre de 2009

La calle de los paraguas

Luego de la lluvia la ciudad anochece diferente. En las veredas los paraguas se someten a una húmeda muerte. No cabe duda, a esta hora del día, que sus labores han sido arduas y, claro, infructuosas.

Cadáveres luego del temporal, adornan el paisaje con el salvajismo de una noche desesperada. En silencio aplastan su última existencia junto a las hojas y el barro. Nada queda de esa su lejana presencia. Nada. Solo una forma de varillas y paños y agua y recuerdos. Absolutamente nada.

Y lo uno al Horacio de Julio, esa lluvia y el barranco y la Maga. Pero es absolutamente distinto. Todo cambia con cada paraguas que la ciudad deja morir en sus veredas.