sábado, 13 de marzo de 2010

Quedaste

Me tiró una hoja arrancada de un cuadernillo y una Bic reventada con la punta completamente manchada de azul. Me pidió que escribiera. En realidad más que pedirme, su alocución arrojó una mera orden apurada por el deseo de huir inmediatamente de esa sala blanca por la luz de una exagerada cantidad de tubos fluorescentes distribuidos uniformemente por el techo. Se escuchaba a lo lejos una radio y unas voces o risas. Me molestaba el olor a nicotina y a mugre que habían dejado los que antes habían estado ahí.

Escribí” me dijo y no me asombró porque era por eso que estaba ahí. Y escribí (después de marcar varias c superpuestas con esa lapicera imposible) “Con todos los problemas que hay afuera de esta sala, me asalta el deseo de decirte –te lo digo- la concha de tu hermana. Y encima me das una lapicera de mierda para escribírtelo.”

Terminé de escribir esta idiotez y me levante dispuesto a irme sin decir una sola palabra. Cuando ya caminaba por el pasillo (la hoja había quedado sobre la mesa, en el mismo lugar en que me la había alcanzado) escucho su risa de tabaco y tos y mas risa. Me doy vuelta y lo veo apoyado en el marco de la puerta y señalándome con el papel que antes me había alcanzado para probar mis aptitudes me dijo “quedaste”.

miércoles, 10 de marzo de 2010

La ciudad de los gatos

Cuando a la noche sólo le queda el regocijo de jugar con la luna, los gatos se adueñan de la ciudad. Despiertan de su letargo diurno para pasear su dominio por las calles.

Desde que la ciudad es la ciudad actual, los hombres disputan a medias luces una batalla sorda por su dominio, sin saber que mientras duermen dan lugar a la verdadera monarquía felina.

Y la arquitectura de la urbe se presenta como un escenario noctámbulo para que las mascotas del día legislen sobre la vida de la noche, repasando en un minucioso silencio el trabajo de los hombres: dialogan a la distancia desde sus patrias inexpugnables, entablando diálogos visuales que aseguren sus históricos triunfos.

Por sobre todas las cosas, saben cómo comportase cuando un hombre sin sueño surca indiferente sus naciones de ronroneos, sumiéndose en una aplicada tarea de limpiezas y afiladas de uñas en las cortezas de los árboles cómplices.

Las capitales de sus reinos están marcadas con estrellas en el cielo y vigilan sus fronteras desde lo altos tapiales, cornisas agigantadas por sus pasos indudables.

Cuando la noche irremediablemente sucumbe al otro trono de luces, los gatos pactan las condiciones para una nueva salida, prometiendo un amanecer de pasiva obediencia gestionado en el silencio del lecho, esperanzándose en que el día les ofrezca de una vez por todas la llave de un reino que íntimamente reconocen como suyo.

En bicicleta

Necesito llegar rápido a la casa de Cecilia pero mi bicicleta está rota. La bicicleta rota, y la puta que lo parió. Dando vueltas por el patio buscando la primera excusa para no ir, porque me queda lejos para andar caminando y encima este frió, porque después vos no me vas a cuidar y menos pagarme los remedios, me doy cuenta de que a la facultad, la secundaria, la primaria y el jardín de infantes los recorrí pedaleando una bicicleta.
Mis primeros días en La Plata, cuando se mezclaban la humedad y las cigarras en un telón de fondo a medio conocer, en bicicleta. Las primeras materias cursadas y aprobadas, compañeros y algunos pocos amores universitarios, también en bicicleta. Las entrevistas, las puertas que se cierran y los primeros escritos a los apurones en una sala casi a oscuras, obvio, en bicicleta. Más atrás: las amistades eternas, las materias de la secundaria de las que solo sabíamos los nombres de los profesores, la escuela técnica y algunas cuantas novias adolescentes, claro, en bicicleta. Las primeras bandas escuchadas, el último Maradona y mil kilómetros cuadrados para jugar al fútbol, es lógico, en bicicleta. Las tardes en el campo, sin humedad ni cigarras, ni diagonales, ni nada, en bicicleta. Terminar la primaria, en bicicleta. El primer beso, en bicicleta. Mis hermanas, los viejos y los abuelos, en bicicleta. Escuela Nº1 Bernardino Rivadavia: bicicleta. Parque General San Martín: bicicleta. Nueve de Julio: bicicleta.
Un mecanismo simple de solo dos ruedas y algún que otro bártulo para andar una vida, más rápido y más económico, sin perder tiempo para dejarla por ahí tirada y salir corriendo o caminando despacito, acorde a quién esté esperando, si es que hay alguien esperando. O sino agarrar nuevamente la bicicleta para recorrer las ciudades y los días.